XIV INTERNATIONAL ONTOLOGY CONGRESS

 

NATURAL DETERMINISM AND FREE WILL

 

San Sebastián, 29 September - 3 October 2020

Barcelona, 5 October 2020

 

Under the Honorary Presidency of Prof. Gerardus 't Hooft, Nobel Prize in Physics

 

 

 

The appearance of the idea of ​natural necessity, added to the postulate that such necessity is knowable, opened the doors to the discipline of those thinkers that Aristotle called "physicists" (hoi physikoi), which effectively constituted the embryo of Physics. Within it theories emerge that seem to leave some place to chance (as in Democritus), although chance can be interpreted as the absence of finality, rather than as designative of processes that we now call stochastic.

 

However, the problem of making this need compatible with the requirement that humans could be held responsible for their actions, which means they have freedom of choice, arises. The problem is even accentuated with the idea of ​​a creator God, because then the free action of man implies not only autonomy considering natural condition, but also considering the providence of its creator. From Bocaccio to Spinoza, through Luis de Molina and Descartes, Philosophy has not stopped reflecting on the subject. As for science, it abstracts the problem of free will, concentrating on the elucidation of the laws of mechanics, with an ontological presupposition that finds greater expression in the radical determinism of Laplace.

 

It is known that a radical break of the scheme arises when quantum physics finds reasons to speak of true chance, of authentically stochastic processes. This leads a scientist like Arthur Stanley Eddington not only to question the determinism he had up to then defended, but to argue that science withdraws its opposition to the idea of ​​free will. An inverse version in Physics is that of the Free Will Theorem, or Theorem of Free Volition, -ideas coming from the minds of the mathematicians John Conway and Simon Kochen- that comes to support: if in the act of arranging the instruments for a certain measurement relative to the spin, the experimenter obeys exclusively to his will (and not to external events or imperatives, of which he may have had information), then the response given by the particle can not be determined by the information it receives from the past; that is, such response is also "free".

 

The polarity between natural determinism and free will also touches on research that is at the intersection of palaeontology, genetics and linguistics. Does the common matrix of man with other species, reflected in the degree of genetic homology with them, suppress the singular character we attributed to human language, considered as irreducible to the functions of a signal code? And obviously, this matter also emerges when we talk about the possibility that the brain can be moulded to the point that there is no more desire, will and even capacity for elucidation than that which is created from the outside. Some of the concerns that artificial intelligence causes go in this direction: if a human being can create an intelligent machine, why is he/she not going to be able to mould it until that unrecognizable being is already intelligent? But immediately an objection arises: the being that moulds is not a result of such being moulded, that is, the purpose of ending the alleged autonomy of a human being is perhaps the result of a free decision of another human being...

 

These and other questions will be addressed at the XIV International Ontology Congress, trying to establish the state of the art, with the help of philosophers and scientists, and under the Presidence of Honour of the Nobel Prize in Physics Gerardus ‘t Hooft.

 

-----

 

La aparición de la idea de una necesidad natural, añadida  al postulado de que tal necesidad es cognoscible, abría las puertas a la disciplina de esos pensadores que Aristóteles denominaba “los físicos” (hoi physikoi), la cual efectivamente constituía ya el embrión de una física. En el seno de la misma surgen teorías que parecen dejar algún lugar al azar (así en Demócrito), aunque este puede ser interpretado  como ausencia de finalidad, más bien que como designativo de procesos que hoy  llamamos estocásticos.

 

Surge sin embargo el problema de hacer compatible tal necesidad con la exigencia de que los humanos pudieran ser considerados responsables de sus actos, lo cual supone que tengan libertad de elección. El problema se acentúa aun con la idea de un Dios creador, pues entonces la acción libre del hombre implica  no sólo autonomía frente a la condición natural, sino también frente a la pro-videncia de su creador. Desde Bocaccio hasta Spinoza, pasando por Luis de Molina y Descartes, la filosofía no ha dejado de reflexionar sobre el tema. En cuanto a la ciencia, hacía abstracción del problema del libre albedrío, concentrándose en la elucidación de las leyes de la mecánica, con un presupuesto ontológico  que encuentra expresión mayor en el radical determinismo de Laplace. 

 

Sabido es que una quiebra radical del esquema surge cuando la física cuántica encuentra razones para hablar de verdadero azar, de procesos auténticamente estocásticos. Ello lleva a un científico como Arthur Stanley Eddington no sólo a poner en tela de juicio el determinismo que hasta entonces había defendido, sino a sostener que la ciencia retira su oposición a la idea de libre albedrío. Una versión inversa en el seno de la física es la del Free Will Theorem, Teorema del libre arbitrio, o de la volición libre, debido a los matemáticos John Conway y Simon Kochen, que viene a sostener: si en el acto de disponer sus instrumentos para cierta medición relativa al spin, el experimentador obedece exclusivamente a su voluntad (y no a eventos o imperativos externos, de los cuales haya podido tener información), entonces la respuesta dada por la partícula no puede estar determinada por la información que recibe del pasado; es decir: tal respuesta es asimismo “libre”. 

 

La polaridad entre determinismo natural y libre albedrío toca asimismo a investigaciones que se hallan en la intersección de la paleontología, la genética y la lingüística. La matriz común del hombre con otras especies reflejada en el grado de homología genética con las mismas ¿suprime el carácter singular que atribuíamos al lenguaje humano, considerado como irreductible a las funciones de un código de señales? Y obviamente, la cuestión emerge también  cuando se habla de la posibilidad de que el cerebro  pueda  ser moldeado hasta el extremo que no haya más deseo, voluntad y hasta capacidad de elucidación que aquella que desde el exterior se cree. Algunas de las inquietudes que provoca la inteligencia artificial van en este sentido: si el ser humano pueda crear una máquina inteligente ¿por qué no va a ser capaz de moldear hasta hacerlo irreconocible aquel ser que ya era inteligente? Cierto es que inmediatamente surge la objeción de que el ser mismo que moldea no es un resultado de tal ser moldeado, es decir: el propósito de acabar con la pretendida autonomía de un ser humano es quizás resultado de una libre decisión de otro ser humano…

 

Estos y otros interrogantes serán abordados en el XIV International Ontology Congress, intentando establecer el estado de la cuestión,  con la ayuda  de filósofos y científicos y bajo la presidencia de Honor del Premio Nobel de Física Gerardus ‘t Hooft.